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Guasca Sin Agua en el Verano

Las orillas en las lagunas de Guasca son cada vez más cerradas. La expansión de las empresas floricultoras, la agricultura desbordada con fertilizantes y químicos tóxicos, la extracción de gravilla, así como la presión inmobiliaria que genera la venta de terrenos agrícolas para reemplazarlos por casas con club house y piscinas, es lo que hace que el municipio se quede sin agua cuando llega el verano
Todo comenzó en enero de 2010, cuando Cecilia Monzón, proveniente de México, y Andrea Pérez, restauradora de arte en la capital, se unieron en un proyecto para salvar el agua de Guasca. La misión, dirigida por el Instituto de Patrimonio Carlos Arbeláez Camacho, ha consistido en promover el agua como patrimonio del municipio.

Lagunas de Siecha

Desde los orígenes muiscas, esta tierra ha tenido una relación económica y social latente con el agua. “Estudios arqueológicos lo demuestran. Los asentamientos indígenas se ubicaban estratégicamente en los márgenes de los ríos y generaban producción de trigo y papa. Las flores llegaron y el campesino se convirtió en un floricultor que a través de pesticidas y cultivos en invernadero perjudica el medio ambiente” explica Pérez.
Para frenar la expansión industrial estas dos mujeres han tomado como salvavidas el concepto de ‘identidad de cultura y territorio’, que significa, en otras palabras, la recuperación de las costumbres del municipio en relación con el agua. “Aquí puedes ver que hay formaciones de páramo y que nace una red hídrica que desemboca en el embalse de Tominé, que funciona como reserva para todo el departamento ”.
Monzón explica que además de tener fuentes hídricas, Guasca tiene la fortuna de conservar en su terreno las tres lagunas de Siecha, que por siglos han sido apetecidas arqueológicamente por auríferos y museos de occidente. “Las lagunas y los ríos que tiene el municipio son especiales en la región por los recursos culturales que aportan. En el aspecto de ocio están los pozos termales, que funcionan como punto de encuentro, de relajación y socialización”.
La floricultura no es el único problema ambiental del municipio. Los residuos químicos que deja laproducción agrícola del lugar , así como los proyectos de urbanización, sumados al desinterés de los jóvenes para participar en actividades tradicionales como el cultivo de maíz, han ido deteriorando el paisaje de Guasca. “La agricultura tradicional en el lugar ha dejado desechos muy peligrosos por el tipo de fertilizantes y pesticidas que usan. Se pueden ver en las fincas grandes bolsas llenas de escombros y residuos tóxicos. La situación se pone más difícil cuando quieren construir urbanizaciones de 500 casas que desplazarán a 500 agricultores” comenta Pérez.
Las soluciones que han venido trabajando las investigadoras consisten no en denunciar a las empresas, sino en inculcar el valor del agua en los jóvenes para que pasen de las floriculturas a los cultivos ancestrales del maíz. Según Pérez, “la idea es que ellos no permitan de forma tan fácil la expansión industrial, que luchen por el patrimonio del agua”.
Dentro del proceso pedagógico que ellas vienen llevando a cabo está la enseñanza de costumbres muiscas para la agricultura. Un ejemplo de esto es filtrar el agua con las piedras de la montaña, de tal forma que no necesiten usar productos industriales. “Lo que ha pasado en los últimos años es que el agua en el verano no llega a las partes más bajas del municipio por el mal uso que se le da”, explica Pérez.
A pocos días de que el Plan de Desarrollo de Guasca sea aprobado, las investigadoras lograron convencer al alcalde municipal de que incluyera en el proyecto un punto de conservación ambiental. Además, han estado incentivando la agricultura orgánica en la región, alcanzando hasta hoy la cifra de 12 fincas que utilizan esta metodología. La desaparición de los cultivos de maíz, trigo y zanahoria quedará en manos de sus habitantes.